Eunice. Encefalocele frontal, operada con 7 días de vida.

Publicado por: el Jul 25, 2013 | Sin comentarios

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Eunice nació de forma prematura a los 8 meses de gestación con parte se su cerebro sin cubierta ósea ni meníngea.

Gracias a la ecografía prenatal, sus padres ya sabían de antemano que presentaba un grave trastorno. Parte de su cerebro salía entre ambos ojos, sin cubierta ósea, cutánea o meníngea. Se trataba de un encefalocele. Sus padres se encontraban muy preocupados por el serio peligro que corría la vida de su hija pequeña. Tenían ya dos hijos mayores, sanos y sin ningún problema.

Cuando nació, de forma prematura, fue ingresada en la UCI pediátrica rodeada de todo tipo de cuidados. Pero a los cinco días de su nacimiento contrajo una meningitis vírica.

Pese a no haber precedentes en el mundo (prematuro y con meningitis), su única opción era la cirugía. Arriesgada e incierta, pero de lo contrario la muerte en breve plazo era segura. Su cabeza apenas ocupa la palma de una mano y su volumen sanguíneo no supera un cuarto de litro (en nacidos pretérmino es de 100 cc  por kilo de peso). La simple pérdida de 30 centímetros cúbicos de sangre supondría un shock mortal.

Por tanto, a las 24 horas de contraer la meningitis, fue llevada a quirófano. Fue operada por el equipo de Cirugía Maxilofacial (Dr. Furelos) y Neurocirugía (Dr. Ravina).

La vía de abordaje fue una incisión coronal, de oreja a oreja por la parte superior de la cabeza. El hueso de una niña de tan corta edad es tan delgado y blando que puede ser cortado con una simple tijera. El tejido cerebral protruido, esencialmente gliomatoso, es decir, no funcionante, fue extirpado. El cierre meníngeo se realizó empleando un fragmento de fascia del músculo temporal.

El cierre del orificio craneal solo podía ser realizado con tejidos de la propia paciente. Se empleó una ingeniosa técnica. Fue cortada una porción de hueso alrededor del defecto. Este hueso fue dividido en varios fragmentos, que fueron recolocados de tal manera que el defecto original quedó distribuido en múltiples defectos mucho menores, que el organismo puede reparar de forma natural sin permitir la salida del cerebro. La intervención duró cinco horas. El sangrado total no llegó a 5 centímetros cúbicos. Sólo quedaba efectuar el cierre cutáneo. En el futuro, sería la única señal de lo ocurrido.

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Afortunadamente todo terminó bien. Al cabo de un mes, ya estaba en su casa. Otro buen ejemplo de la fructífera colaboración entre Cirugía Maxilofacial y Neurocirugía.

Eunice ya cumplió 18 años, y es muy feliz.

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