Raquel. Resolución de una atrofia hemifacial congénita

Publicado por: el Jul 26, 2013 | Sin comentarios

atrofia hemifacial

Cuando nació, Raquel presentaba un trastorno congénito que provocaba una cierta asimetría facial.

Esto se conoce como atrofia hemifacial.

La atrofia hemifacial es un trastorno craneofacial caracterizado por la falta parcial o total de desarrollo de los tejidos subcutáneos, músculo y hueso, normalmente de un único lado de la cara. Se trata de una alteración asociada con el síndrome del primer arco branquial.

Estas anomalías pueden provocar alteraciones en las vías respiratorias superiores, el movimiento facial, el habla, la alimentación, la protección de ojo, el oído, y el aspecto estético.

Dada la compleja naturaleza de esta condición, los pacientes con este tipo de trastorno son mejor atendidos por un equipo médico multidisciplinario que pueda proporcionar un tratamiento especializado e individualizado, acorde a las necesidades del paciente. Éste incluye, entre otras, terapia de la alimentación, terapia del habla, control de las vías respiratorias, apoyo psicológico, evaluación oftalmológica y auditiva.

Igualmente, es importante tener en cuenta que son diversas las estructuras faciales que resultan hipoplásicas: hueso, músculo, piel, cartílago, nervios. Por ello, el tratamiento quirúrgico requiere un planteamiento coordinado entre los equipos médicos de cirugía maxilofacial, cirugía ortognática y microcirugía.

Aunque este tipo de intervención se presenta a priori como un reto clínico difícil, su resolución con éxito resulta enormemente gratificante.

Es un caso muy significativo, ya que fue atendida desde el principio por el Dr. Furelos. Acudió a la consulta de Cirugía Maxilofacial del Hospital Universitario de Canarias porque deseaba corregir su asimetría facial.

En primer lugar fue realizado un injerto de costilla (condrocostal). Sin embargo no prosperó y en varias semanas habí perdido el volumen que habíamos obtenido.

Pese a ello, Raquel insistió en intentarlo de nuevo. En esta segunda ocasión fue empleada una técnica más sofisticada: un colgajo libre de escápula con anastomosis microquirúrgica. Los vasos sanguineos del lecho receptor sufrían el mismo proceso de atrofia que toda el área, y eran de menor calbre que el habitual. Pese a esta dificultad, pudo realizarse la anastomosis microquirúrgica. Aunque en principio pareció ir todo bien, pronto tuvo que ser ingresada de nuevo durante dos semanas. El colgajo fracasó, y en poco tiempo su asimetría era como al principio. Y como secuela, tiene ahora una inestética cicatriz en la espalda, que condiciona su vestuario.

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