Cáncer maxilofacial. Sigmund Freud

Publicado por: el Ago 13, 2013 | 2 comentarios

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Durante 16 años, Freud padeció un cáncer de boca que finalmente acabó con su vida.

La pintura de Dalí, el cine de Alfred Hitchcock o Luis Buñuel confiesan estar influenciados por él. El mismísimo Woody Allen cogió su fórmula mágica para recrear en sus películas un trasfondo mental que tenía más de diván y de pulsiones sexuales que de super producciones americanas, más propias del siglo XXI.

El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, es probablemente uno de los personajes más influyentes de la historia moderna pero, ni siquiera él pudo librarse de su propia pesadilla, el cáncer. Un estudio médico revela cómo y cuál fue su verdadera enfermedad.

Florencio Monje, jefe de Servicio de Cirugía Oral y Maxilofacial del Hospital Infanta Cristina de Badajoz, ha realizado a cargo de la Asociación Americana de Cirugía Oral y Maxilofacial, una investigación puntera. Ha tenido acceso a toda la documentación oficial de su historial médico y desvela datos hasta ahora desconocidos sobre el verdadero cáncer oral que padeció Sigmund Freud. La conclusión del estudio: “Carcinoma en el paladar derecho, que posteriormente interfirió al maxilar superior”.

Todos los datos que había, afirma el doctor, apuntaban que Freud tenía un cáncer de lengua o de mandíbula, pero no parece así. “Había mucha confusión en cuanto a la localización exacta del cáncer, al final con la documentación en la mano pudimos llegar a ese lugar concreto: paladar y maxilar superior derecho”, explica en su estudio publicado recientemente en la revista especializada ‘El dentista del siglo XXI’.

Fue un fumador empedernido. En las imágenes que podemos rescatar de este personaje, seguramente en la mayoría aparezca con un puro en la mano. Y es que “Freud fumaba todo el día”. Hasta 20 cigarros puros diarios de su marca favorita, Don Pedro.

Monje asegura que el comienzo de todo fue una enfermedad premaligna (leucoplasia) cuando él tenía 62 años que derivaba en gran parte de ese hábito tabáquico. Sin embargo, Freud confió siempre que era resultado de una pulsión sexual en relación con su hija Anna.

Pasaron cinco años, y fue a los 67 cuando esa lesión empezó realmente a molestarle. Después de muchos vaivenes con amigos médicos y demás especialistas, el diagnóstico reflejó: “carcinoma de células escamosas”, es decir, cáncer. Freud se refirió a su enfermedad como “mi querida neoplasia”.

A partir de ese momento, explica el doctor Monje, empezó una “verdadera tortura de tratamientos”. “En tres ocasiones se sometió a radioterapia mediante diversos tipos de técnicas y tuvo que pasar por el quirófano hasta 33 veces”. De esas intervenciones, la mayoría fueron aplicadas con anestesia local, algunas de ellas con sedación y “solamente una, la última, con anestesia general”.

En total, 16 años padeciendo un cáncer maxilofacial que pudieron con Freud. Cuando el proceso estaba avanzado y el deterioro físico era más que importante, llegando incluso a soportar un terrible olor a vómitos y unos fuertes dolores, acudió a su amigo Schur. Éste cumplió la promesa que pactaron algunos años antes de ayudarle a terminar con su vida cuando ya no pudiera más. Le administró 400 miligramos de morfina en menos de 24 horas que le causaron la muerte el 23 de septiembre de 1939.

Pero a pesar de 16 años de enfermedad y de ‘ires y venires’ entre operaciones y tratamientos, ni siquiera en esa particular historia de vida, Freud abandonó su empeño de que el Psicoanálisis pudiera explicar absolutamente todo. Y así, dejó un legado que hoy por hoy sigue vivo en los divanes de medio mundo.

Si esto le hubiese ocurrido a Freud en los tiempos actuales, probablemente se hubiese curado. Sería necesario un tratamiento estandarizado en cirugía oral y maxilofacial, el normal en este tipo de cánceres, que extirparía la zona afectada y la reconstruiría con diferentes técnicas quirúrgicas. Efectivamente, en nuestra clínica hemos llevado a cabo con éxito este tipo de abordaje en pacientes con cáncer de boca, lengua y otras zonas del territorio maxilofacial.

Fuente: El Mundo.