Una nueva técnica para obtener células madre embrionarias

Publicado por: el Ene 28, 2014 | Un comentario

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Científicos suecos logran derivar células madre embrionarias sin alterar el desarrollo del óvulo fecundado.

Hace varios años que en nuestra Clínica iniciamos la investigación con células madre con el fin de aplicar esta técnica en aquellos casos en los que es precisa una regeneración de tejidos extrema.

En nuestro estudio de la investigación en este campo, hoy destacamos este importante avance de un grupo de científicos del Instituto Karolinska de Estocolmo.

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Las primeras células madre que se descubrieron, y todavía las óptimas para muchas aplicaciones, requerían para su obtención de la destrucción de un embrión humano. Por este motivo, durante los últimos quince años estas células han suscitado una fuerte oposición ética.

 

El grupo que dirige Kart Tryggvarson ha conseguido un importante logro en este sentido: utilizan una sola célula de las ocho de un embrión temprano para derivar los cultivos de células madre; y el embrión no se destruye, porque las otras siete células bastan para que sea viable, incluso para que fuera implantado en una mujer si así se deseara.

La técnica es simple y eficaz, y devuelve las células madre embrionarias al primer plano de la investigación biomédica, tras cinco años en que su principal alternativa —las células madre iPS, que se obtienen retrasando el reloj de simples células de la piel— parecían tomar la delantera. El método se publicó este lunes en Nature Communications.

stem3La idea de utilizar una de las células de un embrión de ocho no es totalmente nueva. Robert Lanza, uno de los líderes mundiales de la clonación humana, ya la planteó en 2006, y hubo otros intentos posteriores, pero ninguno de ellos tuvo continuidad. Los investigadores suecos han logrado una serie de avances metodológicos que han convertido esa idea en una técnica viable y altamente eficaz. El avance se basa en la utilización de dos moléculas (laminina y cadherina) que tienen un papel esencial en la adherencia de las células a sus sustratos fisiológicos. Aquí se aprovechan esas propiedades para afianzarlas al medio de cultivo en el laboratorio.

Kart Tryggvason y su equipo se han basado en un método que lleva varios años en uso para un propósito completamente distinto: el diagnóstico preimplantacional. Cuando una pareja es portadora de enfermedades hereditarias, los científicos dejan a varios embriones desarrollarse hasta que tienen ocho células, extraen una para el análisis genético y, si está libre de taras hereditarias, utilizan el embrión correspondiente, esto es, las siete células restantes, para implantarlo en la mujer. En el método sueco, la célula extraída se usa para establecer una línea de células madre embrionarias, y las otras siete regeneran el embrión completo y viable.

Estos resultados suponen un estímulo a las células madre embrionarias frente a sus principales competidoras, las células iPS, que fueron desarrolladas como una alternativa “ética” a la destrucción de embriones y hace dos años le valieron el premio Nobel a su inventor, el japonés Shinya Yamanaka.

rec02Un asunto esencial para el futuro uso clínico de la terapia celular es el de la compatibilidad del material implantado con el genoma del paciente, para evitar el rechazo inmunológico que puede producirse en un trasplante. Con las células iPS, este problema quedaría resuelto de manera automática —pues se habrían obtenido de células del propio paciente y por tanto su genoma sería idéntico—, pero no así con las células madre embrionarias derivadas de material sobrante de las fecundaciones in vitro.

La idea del equipo sueco es construir un banco de líneas celulares embrionarias que cubra las futuras necesidades de compatibilidad inmunológica de los pacientes. “Es probable –señala Tryggvason- que unas 150 ó 200 líneas celulares que representen diferentes antígenos tisulares sean suficientes para cubrir a la mayor parte de la población humana”.

Otro inconveniente de las líneas de células madre en cultivo es que pueden sufrir mutaciones y cambios genómicos que las hacen indeseables para su aplicación clínica. Los métodos desarrollados en Estocolmo reducen drásticamente esta inestabilidad genética.

Sin duda, estos trabajos serán fundamentales para el futuro próximo de la medicina regenerativa.

Fuente:

–          El País