Ignaz Semmelweis: la importancia de lavarse las manos

Publicado por: el Feb 11, 2014 | Un comentario

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La higiene de manos es la medida primaria para reducir infecciones. Quizás una acción simple, pero con una historia muy interesante.

rec01Según K. Codell Carter y Barbara Carter: “El precio que pagan los avances médicos son dos tipos de sacrificio: el de los investigadores que intentan comprender la enfermedad y el de los pacientes que mueren en el proceso. Un avance en especial se pagó, en parte, con el sacrificio de cientos de miles de mujeres jóvenes que murieron después del parto por una terrible enfermedad llamada “fiebre puerperal”, un mal que asolaba las maternidades benéficas de principios del siglo XIX”.

Aun cuando muchos médicos defendieron la importancia de la higiene para prevenir infecciones –incluso antes de que se descubrieran los microorganismos patógenos-, el más famoso por sus estudios sistemáticos de la desinfección fue el obstetra húngaro Ignaz Semmelweis. Este joven médico ejercía como Asistente de Obstetricia en el Hospital General de Viena y comprobó que este centro tenía una proporción mucho más elevada de muertes por fiebre puerperal que otros hospitales, con cifras alarmantes que oscilaban en torno al 40% de las parturientas.

pintura postAdemás, Semmelweis observó que la incidencia de fiebre puerperal era más alta en la Sala 1, donde atendían los médicos y estudiantes de medicina, que la reportada en la Sala 2, donde se atendían los partos predominantemente por parte de las comadronas de la maternidad. Tras un estudio epidemiológico observacional evidenció que la mortalidad por esta infección era del 18% en la Sala 1 frente al 3% en la sala 2, por lo que se propuso descubrir las causas que determinaban esta enorme diferencia de la mortalidad materna.

Semmelweis había observado que los médicos y estudiantes que atendían en la Sala 1, donde existía la más alta mortalidad, atendían a las parturientas después de realizar las autopsias y los estudios de anatomía forense sin lavarse las manos y mucho menos, sin cambiarse sus vestiduras. Esta sospecha fue demostrada el momento en que fallece con un cuadro clínico muy parecido a la sepsis puerperal el Dr. Kollechtka, tras haberse cortado de manera accidental con un escalpelo en una sesión anatómica. La conclusión era muy obvia, los médicos y estudiantes de la Sala 1 transportaban en sus manos los exudados cadavéricos que transmitían a las parturientas en sus tactos vaginales.

rec dos decadas despuesEsta conclusión quedó confirmada cuando, además, Semmelweis comprobó que esta fiebre era rara entre las mujeres que daban a luz en la calle. Dedujo que, en efecto, las infecciones se transferían de los cadáveres a las parturientas.

Ordenó al personal sanitario que se lavase las manos con un desinfectante clorado, con lo que las muertes cayeron en picado, a valores inferiores al 2%.

A pesar del asombroso resultado que determinó la higiene de manos en la mortalidad materna del Hospital General de Viena, y que fue publicado en el año de 1861 en su obra “De la etiología, el concepto y la profilaxis de la fiebre puerperal”, Semmelweis fue expulsado de este centro por sus superiores, quienes nunca aceptaron la contundente evidencia científica de su investigación e intervención ya que hubiera implicado que ellos eran la causa de tantas muertes. Además, muchos de ellos consideraban que las enfermedades se transmitían por los miasmas del aire. Sus colegas llegaron incluso a impedir o sabotear la técnica de higiene de manos instaurada por Semmelweis; dos décadas después las teorías microbiológicas de Pasteur, Koch y Lister confirmaron el gran valor científico del trabajo del médico húngaro.

Tras más de siglo y medio de los hallazgos de Semmelweis, conocido hoy como “el padre del control de las infecciones nosocomiales”, la higiene de manos es considerada la piedra angular en la prevención de las infecciones hospitalarias.

“El Libro de la Medicina”. Clifford A. Pickover. Editorial Librero. 2013